Iggy Pop - We Have all the Time in the World

De vez en cuando la vida” dice una de las canciones imprescindibles del ‘chico de Poble Sec‘, y es que hay momentos en que ésta nos sorprende con ciertos eventos -positivos o negativos- que dan un giro a la impasible rutina en la que nos vemos inmersos.

Esa oscura e inesperada noticia, la llegada de una persona especial a tu vida, un compromiso que nos negamos a traspapelar, rompe bruscamente la parsimonia y hace que volvamos la mirada hacia aquellas cosas simples que muchas veces, conscientemente o no, solemos dejar olvidadas en el camino.

Súbitamente y luego de varias copas cargadas de introspección recordamos lo bien que se sentía tenerlas cerca, saberlas a nuestro lado a cada paso que dábamos, y volvemos a relacionarlas con una canción en medio de un brindis en el que se revalida ese utópico y tácito pacto de nunca más perderlas de vista… aunque a menudo la vida se encargue de lo contrario.

“We have all the time in the world” es un tema perteneciente a una de las películas de James Bond, On Her Majesty’s Secret Service, que data del año 1969 y que fuera interpretado por el inacabable Louis Armstrong, que por cierto para ese entonces se encontraba ya muy mal de salud viéndose imposibilitado de tocar la trompeta (de hecho, ésta fue su última grabación hasta donde tengo entendido).

Esta cinta debe ser una de las más infravaloradas de la saga, e igual suerte corrió, por mucho tiempo, el tema que hoy abordamos.

Louis Armstrong - We Have all the Time in the World
We have all the time in the world es, convenientemente, la frase que cierra este capítulo de James Bond y, a parte de la melodía que por sí sola causa ese efecto, su escucha nos envuelve en un aire de tragedia y melancolía al recordar aquella última escena en la que se pronuncia:

Bond, luego de creer que su enemigo ha sido vencido, se apresta a contraer matrimonio con su prometida y con el visto bueno del servicio secreto, al término de la fiesta y en camino hacia su luna de miel, es atacado mientras quitaba las flores de su coche y discutía con su ya esposa cuántos hijos tendrían.

Ella muere a punta de metralla. Bond desestima la idea de ir en busca de venganza. Sale del vehículo y la coge en brazos. Se les acerca un policía. Al llegar éste al lugar del incidente el 007 se le queda mirando, y mientras acaricia con ternura el cabello de su amada, le dice:

“Todo está bien… no pasa nada… ella está descansando… dentro de poco partiremos… no hay prisa… pues verá, tenemos todo el tiempo del mundo”.

La canción yacía prácticamente olvidada hasta que el grupo irlandés My Bloody Valentine decidió hacer un cover para una campaña de caridad a mediados de los ’90, convirtiéndose en todo un suceso al menos en las listas inglesas, y como suele suceder en estos casos, se aprovechó la bocanada de popularidad para relanzar la versión de Armstrong y hacer dinero con ella.

Algunos meses más tarde, concretamente en el año 1997, el compositor británico David Arnold hizo un esfuerzo por rendir homenaje a las mejores canciones de la época Bond contando para ello con algunas lumbreras, quienes debido a la diferencia de sus respectivos estilos musicales actualizaron estos ‘clásicos’ desde su propia perspectiva.

Esto nos lleva al caso particular de Iggy Pop.
Muchos consideran que el we have all the time in the world es uno de los mejores títulos de la saga Bond, y es probable que tengan razón: la singular voz de Louis Armstrong le va genial y al escucharla difícilmente podríamos pensar en el líder de los Stooges haciendo sus veces… es decir, un tema de amor tan simple y entrañable (gracias John Barry) en la voz de un cantante del que más de uno guarda la imagen de cómo se tiraba carne cruda a sí mismo, saltaba sobre la audiencia y se cortaba con botellas rotas en sus presentaciones, era impredecible por ese entonces.

En su momento, los más escépticos pensaron que el título en cuestión, que por cierto cierra el disco, iba a suponer uno de los puntos más ‘flojos’ del Shaken and Stirred: The David Arnold James Bond Project… resultando todo lo contrario.

De hecho se erige como uno de los mejores del mismo, y es que la desgarrada voz de Iggy deslizándose sobre los compases originales de la melodía le vuelve a insuflar ese ambiente trágico y melancólico que siempre tuvo… y al escuchar esta extraña mezcla, nuestra mente se deja llevar.

  • Nota: este “we have all the time in the world” también da inicio a los créditos de la película The Jacket (2005).

Por esas cosas simples que nos recuerdan que vale la pena estar aquí; por la posibilidad de escribir el segundo capítulo de una historia dejada a medias; por la genialidad de una melodía, que a menudo expresa mejor que uno mismo lo que sentimos; por esas ilusiones que nacen y otras que se desvanecen al estrellarse contra la realidad; por aquellas pasiones que aguardan con vehemencia el momento de salir nuevamente a escena; por tantas memorias fabricadas y atesoradas en nuestros corazones; por la sumatoria de ‘tener y luego perder’, que siempre resultará mayor a la de ‘nunca haber tenido’; y porque sigamos teniendo todo el tiempo del mundo para continuar la búsqueda de algo que llaman felicidad…

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