Loquillo - Lima, 2008

Daban las 6 de la tarde y por fin había terminado de dejar todo en regla tanto laboral como domésticamente para así marcharme tranquilo a cumplir un sueño: ver al ‘Loco‘ en vivo y en directo, algo que inexplicablemente no tuve el tino de hacer cuando estaba en Madrid.

Un amigo pasó por casa en su coche y salimos hacia el distrito de Lince. Entre conversaciones de discos, canciones, grupos, y algunas anécdotas menos relevantes, hicimos una parada obligatoria en un conocido centro comercial del cono norte para pagar algunos recibos y sacar dinero del banco.

Loquillo - Lima, 2008 (1)
Feo, fuerte y formal

Después de unos minutos, un par de sobresaltos con el motor del vehículo, y de sentirme decepcionado por la ausencia de una radio que nos permitiera ir escuchando el Balmoral en el camino, nos dirigimos a recoger a un tercer asistente a este evento, que según nos había hecho saber horas antes, iba a estar esperándonos desde esa hora.

Intentamos salir hacia la avenida principal por una calle que estaba aparentemente libre. Mala decisión: nos cogió un embotellamiento enorme pues los semáforos de esa zona no estaban funcionando. Luego de 15 minutos de estar prácticamente varados, recibir propaganda por la ventanilla y pensar ‘vamos a llegar tarde’, decidimos subirnos a la acera para dar la vuelta en U y cambiar la ruta seleccionada.

Rock and Roll actitud

Encaminados de nuevo seguíamos conversando de Loquillo, de sus temas más emblemáticos, de sus ya treinta años sobre los escenarios y de los conciertos que se vienen más adelante.

Poco después recogimos al otro amigo que ya nos estaba esperando en la esquina de nuestro antiguo barrio, y entre la música que despedía su teléfono móvil, el contarnos un poco en qué andamos metidos en la actualidad y hablar del terrible deceso de Cocó Ciëlo, estábamos finalmente llegando al lugar acordado.

Por intentar acercarnos lo más posible al recinto y no estacionar en una plaza libre que encontramos a unos cuantos metros, terminamos dando un enorme rodeo de veinte minutos entre avenidas contiguas que estaban cerradas y otras cuyas pistas estaban siendo reparadas. Por dentro, de nuevo esa voz… ‘vamos a llegar tarde’.

Loquillo, Lima, 2008
El rompeolas

Luego de cerca de tres horas de viaje, soportando el todavía perceptible olor a vómito que el menor de los hijos de mi amigo había dejado horas antes en el coche, llegamos a la famosa discoteca.

Aparcamos en un estacionamiento contiguo y escuchamos los compases de Balmoral a través de la pared. Nos miramos y pensamos que el concierto ya había empezado, pero afortunadamente, parecía que era la banda del ‘Loco‘ ensayando y probando los equipos, algo que pudimos corroborar cuando nos dimos de cara con la gente que estaba haciendo cola en la puerta del local.

Nos sumamos a ella y detrás de nosotros había una pareja de mediana edad que estaba adquiriendo entradas vip de las manos de un revendedor. Este, que se hacía llamar ‘Guillermo Reventa’, les cobraba 350 soles (alrededor de $100) por las dos y les palabreaba de los grupos que vendrán en las próxima semanas, hablando de ellos como si fuera todo un conocedor, y dándoles su número de teléfono para que lo ubicaran en caso decidieran asistir.

Las chicas del Roxy

Me quedé en la fila mientras mis dos amigos iban a una licorería cercana a comprar un poco de ‘combustible’ pues era una noche que hacía frío. Los minutos transcurrían entre vendedores ocasionales de cerveza, DVDs, mp3, entradas, cigarrillos, y otras cosas más.

Mientras estaba allí parado, pensaba en las canciones que interpretaría Loquillo y en cómo sería este lugar por dentro. Escuchaba conversaciones de otros que no decían nada interesante y miraba a mi alrededor, un tanto decepcionado, al ver la poca cantidad de gente que este evento, prácticamente no promocionado, había logrado reunir.

Y entonces recordé una frase del ‘Loco‘ que terminó con mi momentánea decepción:

Mi idea es no ser masivo. No hacemos un disco para la mayoría sino para grandes minorías.

En esto llega el ron mezclado con coca cola y la espera se hizo un tanto más llevadera. Cuando íbamos a la mitad de la botella, la gente empezó a ingresar y tuvimos que darnos prisa para acabar lo que nos quedaba pues, según supusimos, no nos permitirían entrar con alcohol.

Loquillo - Lima, 2008 (3)
Sol

Nos pareció ver a Rafo Raez parado en la esquina del frente con una graciosa gorra en la cabeza, y por las pintas que llevaba, no estuvimos seguros de si venía a ver a Loquillo o si estaba vendiendo discos piratas.

Finalmente ingresamos al local y raudamente procedimos a ubicarnos lo más adelante posible. Una vez posicionados fuimos víctimas del clásico robo a mano armada que estos sitios suelen ejecutar: 9 soles la botella personal de cerveza… En fin, la espera continuaba.

En esto nos encontramos con un viejo conocido nuestro, el ‘tío lyon’ de las Galerías Brasil, quien nos comentaba cómo había ido la noche anterior a recibir al ‘Loco‘ en el aeropuerto, había hablado con él, y había obtenido su firma en uno de sus discos, a parte de haberle asegurado que cantaría el tema de bandera para muchos, “la mataré”.

Un tanto impacientes, no por el tiempo que estábamos allí de pie sino por el ‘abominable criterio‘ del que estaba pinchando discos, que en vez de crear una atmósfera acorde con quien se presentaba nos destrozaba los tímpanos con canciones de Roxette, vimos cruzar fugazmente a Cucho Peñaloza de lado a lado, o eso nos pareció.

Alguien salió poco después al pequeño escenario a ultimar algunos detalles técnicos, preludio de que el concierto empezaría en cualquier momento.

Ritmo del garaje

Y de pronto, apareció. Un fondo musical muy a su estilo fue el preámbulo para que aquel espigado ídolo de minorías salga a la luz acompañado de sus cinco músicos, y con una sonrisa que no se le borró del rostro mientras duró la presentación.

No podía creerlo. Estaba allí, a unos escasos metros de nosotros, con esa apariencia que combina indefectiblemente con su madurez ideológica e interpretativa.

Buenas noches Lima… ha sido una larga espera.

Yo iba con la idea de que el repertorio iba a estar constituido mayoritariamente por temas de su último trabajo, Balmoral. Sin embargo, José María hizo un corto pero imprescindible repaso por sus más de treinta años de carrera artística, como él mismo dijo en son de burla mientras fumaba un cigarrillo:

Acabo de cumplir treinta años… en los escenarios.

Loquillo - Lima, 2008 (4)
Cuando fuimos los mejores

La gente tardó un poco en encenderse. Solamente algunos devotos cantábamos a todo pulmón canción tras canción. Personalmente, me dejé la garganta desde “línea clara”, pasando por “cruzando el paraíso”, “sol”, “cuando fuimos los mejores”, “rock and roll star”, “el ritmo del garaje”, “feo, fuerte y formal”, “memorias de jóvenes airados”, “arte y ensayo”, “rock and roll actitud”, “rock suave”, “las chicas del roxy” y “el rompeolas”.

El ‘Loco‘, alegre y motivado, destilaba actitud, poesía y rocanrol en cada mirada que dirigía a la emocionada audiencia de la planta baja, e incluso a varios ‘muertos en vida‘ que le miraban sorprendidos desde la zona vip (segunda planta).

Luego de un breve descanso y atendiendo al incesante corillo “loco… loco”, la batería deja escuchar los compases de “la mataré”. Fue un momento mágico en el que, por un breve intervalo de tiempo, nuestras diferencias generacionales, de raza, color, condición social, preferencias musicales o de lo que sea, quedaron atrás, y todos nos unimos por unos minutos en un sentimiento común: aquel que sólo una buena canción, que identifica a varias generaciones, es capaz de producir.

La mataré

No puedo definir con palabras la emoción que este tipo de eventos produce en cada uno de los que amamos la buena música. En cada frase que entonábamos iban nuestros tácitos agradecimientos por tenerlo aquí, frente a nosotros, y por haber llevado bien en alto la bandera del rock and roll, dejando bien en claro que éste sigue tan vivo como cuando salió de la fusión del country y del blues, y por más intentos que hayan de volverlo un entretenimiento.

Después de casi una hora y media de éxtasis, el concierto dio fin de la manera más emotiva: con una de las notables composiciones de su amigo y responsable de la mejor época con Los Trogloditas, Sabino Méndez.

El emblemático “Cadillac solitario” llevó a varios hasta las lágrimas al ver a un Loquillo totalmente entregado, de rodillas en el escenario, y cantando como si de ello dependiera su vida, algo que no hizo más que acrecentar mi respeto y admiración por este artista y corroborar lo que él siempre ha dicho en las entrevistas:

Aquí uno sale a jugarse la vida.

Loquillo - Lima, 2008 (5)
Arte y ensayo

Desde luego que faltaron muchas canciones por interpretar. Personalmente, me hubiera encantado que entone el tema “siempre libre”, pero haciendo un balance un tanto más coherente, el ‘Loco‘ tocó las canciones que debió tocar.

Ha sido sin duda uno de los mejores conciertos a los que he tenido la suerte de asistir, y espero que él también se haya llevado una buena impresión de nuestra entrega y gusto incondicional por el buen rock and roll, aunque (y lo digo orgulloso) solamente hayamos sido unos cuantos los que lo dimos todo.

Si alguno de ustedes se está preguntando cómo es posible que un artista de treinta años de trayectoria sea tan poco conocido y no cause tanta expectación en nuestro medio, quizás el siguiente corte de una antigua entrevista les pueda servir de guía:

P: Hola Loquillo. Si el rock es tan cojonudo, ¿por qué triunfan más los éxitos veraniegos y discotequeros que las buenas canciones y bandas de rock?

R: Porque no se ha hecho la miel para la boca del asno.

Muchas gracias ‘Loco‘ por haberte acordado de nosotros, y que sigas jugándote la vida en los escenarios por otros treinta años más.

Cadillac solitario


Créditos:
Fotos
Video

Compartir:

Similar Posts

14 Comments

  1. Desde la Argentina: Tuve la suerte de ver al Loco el año pasado y el domingo pasado y el martes pasado. Coincido contigo: Cómo puedes ser que semejante artista no sea más conocido? Cómo puede ser que Luis Miguel y toda esa porquería llenen estadios? No importa, seremos pocos, pero lo que yo viví las tres veces que ví a Loquillo no me lo quita nadie. Y pude sacarme una foto con el Loco…

  2. Pues sí. Hay cosas que no tienen ninguna explicación lógica.
    Vivimos unos tiempos en que los empresarios prefieren apostar por muñecos de trapo altamente vendibles y totalmente configurables, pero para fortuna de todos nosotros, el Loco se aleja bastante de esa descripción.

    Gracias por la visita.

    PD: Ví tus fotos… ¡enhorabuena!

  3. Excelente reseña César. Definitivamente la música del loco no podrá ser jamás para las grandes masas, ni atractiva para las mafias disqueras, pero en cada ciudad y pais de habla hispana, siempre habrá algún ser cuestionador y renegado, que escucha y estará apuntado para ir a un concierto de Loquillo.
    Saludos!

  4. Coincido totalmente con la reseña y los demás comentarios. Estuve esa noche con un grupo de 5 personas, de los cuales, 4 habían escuchado a Loquillo, de ellos, 2 conocían bien su música y de estos dos, uno (yo) lo admiraba.
    Cuando salimos del local, lo único que hicimos fué comentar el concierto, ya que después de esa hora y media, ya éramos 5 personas que lo admirábamos.
    Por otro lado, me sorprendió mucho que hubiera tanta gente (que no es mucha) que supiera las canciones, que vibrara tanto, me sentí muy bien con esto, que podía ver gente que comparte un gusto tan poco difundido. Gracias por eso.

  5. Qué mejor preámbulo para un concierto tan inolvidable: suma de recuerdos, la espera que desesperaba en un auto no tan viejo en medio de vías nada libres, como para terminar extasiados de energía, corajuda entrega a la música y una de las mejores experiencias que no hizo más que sumar a la sensación de haber sido de los pocos testigos de algo tan bello… ya puedo morir feliz!!!
    Muy buena César…..

  6. Muy buena y emotiva crónica César. No importa que seamos pocos sino que hagamos bulla y que digamos “presente” cada vez que llega a estos lares un artista como Loquillo. Qué viva el Rock N’ Roll carajo!!!

  7. FUE UN DIA INOLVIDABLE…
    ya se cumple un mes del concierto, ojala q regrese denuevo
    sencillamnte fue increible, el aforo era pequeño pero sirvió para darle un toque magico,personal … exclusivo
    loquillo en lima y a unos metros de el, quien lo diria, le sacaba pica a amigos de mi generacion q estan por otras paises y q no lo han podido ver
    empezar con rock an roll actitud, tocar la matare y fuimos los mejores, para terminar con cadillac solitario…que masss
    y al final, le di la mano
    adelante loquillo, el rock ni tu moriran

  8. De acuerdo.
    Fue una presentación inolvidable y el hecho de que haya sido con “tan poca” gente, le dio un aire más íntimo y personal como bien señalas.
    No es algo que suceda muy a menudo.

    Gracias por la visita.

Agregue un comentario a Miguel Cancelar respuesta

Su dirección de correo no se hará público.