Una canción para Eva

Una Canción Para EvaHay personas que le caen bien a uno desde la primera vez que se conversa con ellas. Rápidamente se hacen compañeros indispensables de nuestros días, depósitos casuales de nuestros sueños y frustraciones, y baúles sellados que guardan nuestros más queridos recuerdos.

Lamentablemente con el paso de los años, se ha vuelto extremadamente difícil saber en quien confiar. Sentimientos exportables y hereditarios como la envidia o indiferencia ante el dolor ajeno son los que más abundan, eso sin mencionar la cada vez menos cantidad de gente que hace un esfuerzo por escucharte con atención, y emitir un consejo al término de tu relato.

Por eso duele mucho perder o creer haber perdido a alguien que en algún momento jugó un rol tan importante en nuestras vidas, aunque fuera sólo por un corto periodo de tiempo.

En esta triste tarde de septiembre la recuerdo una vez más. Eva, chica de esquiva mirada que conocí unos meses atrás en un conocido blog de ayuda, cuando apenas empezaba a concebir la idea para este espacio.
El azar hizo que coincidiéramos allí un día y que, desde la primera vez que conversamos, compartiéramos más de una canción y nos hiciéramos buenos amigos, algo que no me suele pasar muy a menudo.

Nuestra amistad crecía hemorrágicamente con cada conversación pero podía darme cuenta que, en cada frase que me escribía, habitaba un hálito de profunda tristeza y desesperanza que era -al principio- ocultado detrás de un velo de anécdotas e interesantes historias.

Poco a poco fuimos haciendo más trascendentales nuestras charlas, así como a confiarnos cosas personales que pocas veces se nos pasa por la cabeza mencionar a alguien que recién se conoce, mucho menos sin haber bebido ni una sola copa.
En ese tiempo llevaba una página en la que habían cinco radios y una de ellas, que iba de música romántica en español, era la que ella más solía escuchar.

Yo le contaba la historia de cada canción, cómo se relacionaba con una parte de mi vida y ella, al compás de esos acordes, poco a poco iba identificándose con algunas y a inferirme la situación personal que estaba atravesando.

Eva tenía un espacio muy interesante, por cierto, en el que constantemente iba escribiendo pensamientos en tercera persona que daban ánimos a muchos asiduos lectores, pero no a ella misma. Era como si la impotencia de cambiar su realidad le hiciera gritar al mundo frases de ánimo y aliento, pensando que quizás en otros sí surtirían algún efecto.

Niña extrovertida y con actitud suficiente para deshacer el mundo. Un envidiable ímpetu brutalmente frenado por una enfermedad terminal. Nuestras -cada vez menos- conversaciones se daban entre tazas de café y pastillas, bromas y chistes, configuraciones de blogs, terribles dolores de cabeza, melodías que llegan al alma, y delirantes cambios de estado de ánimo.

Las dolorosas sesiones de quimioterapia hacían cada vez más difícil nuestra comunicación, aunque yo nunca perdía la esperanza de encontrarla nuevamente en línea… esperanza que se vio algo mermada cuando comprobé que su espacio desapareció intempestivamente de la red.

Me acuerdo que en una de nuestras últimas “coincidencias en línea”, le regalé un puñado de canciones que ella buscaba ávidamente desde hacía tiempo y sé con certeza que, a través la música que le compartía en cada charla, los días se le hicieron más llevaderos y hasta recuperaba por momentos las esperanzas de seguir adelante.

Casi aseguraría que cantaba las canciones a todo pulmón, ya sea en casa o en la clínica. Alguna vez me escribió desde esta última, muy contenta pues su compañera de la cama contigua le había prestado una laptop, pudiendo así actualizar su blog y conversar con sus amistades.

Una de las últimas veces que conversamos puse en la antigua radio que le gustaba, la canción que comparto a continuación:

Braulio – Bodas de plata en soledad

Al escucharla -y mientras yo intentaba imaginar la expresión de su rostro- dijo algo así como: “Habla de mi…” En efecto, de algún modo así era. La puse para ella y esperaba que a través de la misma pudiera percibir lo mucho que la estimaba, lo valiosa que era para mí su amistad, y lo doloroso que era concebir la idea de perderla en un futuro cercano.

No sé nada de Eva desde hace unos meses y me aterra pensar que no regresó de una de esas interminables y dolorosas sesiones para seguir conversando, como habíamos quedado. Aún le escribo a su messenger de vez en cuando, con el anhelo de que alguna vez vuelva y me conteste como siempre.

Quizás es que me niego a aceptar la realidad… pues hasta que lo haga, no quería pasar por alto el dedicarle unas líneas en este espacio y decirle:

Muchas gracias Eva por esos momentos compartidos. Aquí se te sigue extrañando y espero me perdones por compartir los compases del último tema que puse para ti con todo el que lea esta nota, pues también va con la intención de rendir un homenaje a todos esos seres queridos que, afectados por alguna enfermedad terminal, nos abandonaron mucho antes de lo debido.

César Pinto, NadaBueno.com



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NBstereo, La Radio de NadaBueno

2 Respuestas a “ Una canción para Eva ”

  1. ola woOoOooW de verdad wOoOoOw la verdad encontre esta pagina de sorpresa por que estaba buscando una cancion para un amigo con el que estoy algo mal pero lo mega adoro y pues me salio tu pagina y la verdad me hizo pensar muxo sabes nunca pierdas la esperanza de que un dia tu amiga conteste tus mensajes tal vz por aki x un sueño pero no dudes que piensa en ti como tu en ella….

    graz x todaz laz cozaz que dices
    neta m hizo pensar muxo

  2. Gracias a ti por la visita.

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