La Historia

La HistoriaHace algún tiempo atrás, una noche de solaz desventura, alcohol y ganas de encontrarle un sentido a todo lo que pasaba alrededor, abrí la puerta de ‘el depósito’: Una habitación que perteneció a mis antepasados, que sabía de antemano estaría llena de telas de araña, maderas viejas, muebles rotos, fotos antiguas, etc.

En resumen, de cosas que ya dejaron de usarse o perdieron importancia hace mucho tiempo.

Como no tenía mucho más que hacer, encendí la luz y me senté en una silla vieja que afortunadamente aún no era víctima de los insectos.

Echando una mirada rápida alrededor, pasaron ante mis ojos apolilladas ropas de bebé de Dios sabe qué época, algunos diplomas de colegio, la oxidada bicicleta verde de mi madre, unas cuantas revistas obscenas (¡epa!) y algo que me llamó la atención y despertó mi curiosidad: Varios paquetes de fotos de décadas pasadas.

Como todavía me quedaba bebida en la botella decidí verlas un rato y, al ver la primera foto del primer paquete, comenzó un viaje de retorno por los pasajes e historias de mi vida que inmediatamente me hizo pensar: ¡Va a faltar trago!

En fin, que cuando iba a abrir ya el segundo paquete “kodak“, el cual tenía por título ‘fotos de nuestra infancia y adolescencia’, giré la cabeza para coger un cigarrillo y me vi reflejado en el espejo de ese enorme ropero de cedro, del cual ya ni me acordaba, pero que había estado siempre allí, generación tras generación, conservando quién sabe que cosas.

Me incorporé para abrirlo, pero al hacer el intento me di cuenta de que estaba con llave.
Como ya estaba picado con saber qué había dentro, eché otra mirada alrededor y descubrí un destornillador viejo en el suelo.
Sí, forcé la cerradura (pero que esto último quede sólo entre nosotros).

La idea es que conseguí abrir este diván y gracias a Dios que lo hice, pues sino no estaría escribiendo estas líneas y nunca me hubiera decidido a incursionar en el mundillo de los blogs, incursión que con tanta ilusión planeé -dentro de mis grandes limitaciones informáticas- desde esa misma noche.

¿Que qué había adentro? Entre otras cosas, una vieja radiola ‘National‘ de esas que sólo tenían dos cosas: Radio y tocadiscos.

Intenté encenderla, pero la pobre ya no daba para más y entre mis vanos intentos de revisar el cableado de este armatoste, abrí una de sus gavetas y ¡Eureka!: De pronto me vi frente a frente con varios discos de vinilo y cintas de cassettes, algunas de las cuales las había comprado yo, que no tenía idea de que todavía existieran.

Mi curiosidad ya no tenía límites. Subí una caja y metí allí ese material musical lleno de recuerdos. Seguidamente me dirigí a la habitación donde aún yace, agonizante, mi equipo ‘tres en uno‘, no sin antes dejar ‘el depósito’ tal como lo había encontrado.

Mientras iba con la caja pensaba: ‘¡Aquí deben estar mis discos de rock! ¡Ahora sí que va a faltar trago!’ y una entrecortada sonrisa, acompañada de una ajena sensación de bienestar, felicidad y algo de malicia, recorría mi cuerpo de pies a cabeza.

Llegué a la habitación mencionada, destrocé el plástico y la tela que cubrían y protegían el 3 en 1, abrí la caja y puse el primer disco que pillé.

Demás está decir los momentos que vinieron a mi mente mientras escuchaba los discos. Hasta me animé a dar ciertos alaridos, que causaron la preocupación de uno que otro vecino, tratando de imitar a alguno de los cantantes que en ese momento escuchaba.

Pude re-describir mediante la música mi vida entera, como si de emular algún cuento infantil se tratara, alguien hubiera dejado migas de pan para regresar por el camino que me trajo hasta aquí…

César Pinto, NadaBueno.com

Una respuesta a “ La Historia ”

  1. [...] modesto pero merecido homenaje a la música de nuestras vidas. La historiaNBstereoImprescindiblesPublicidadContactoFrontónEscribe aquí Browse: Home / Música / La Otra [...]