‘Death Magnetic’: El esperado renacimiento de Metallica
No podía empezar este 2009 sin que le dedicara unas líneas al último trabajo de un grupo que hace más de 15 años, junto con Slayer, Megadeth y Anthrax, fuera considerado el rey del ‘thrash’ metal.
De alguna manera, el Death Magnetic supone un regreso similar al que hiciera Megadeth en el 2004 de la mano del The System Has Failed: La ‘productividad musical’ de la banda liderada por Dave Mustaine estaba un tanto venida a menos pero, gracias a que decidió volver a lo básico, de pronto se encontró redescubriendo su sonido más clásico y dando un nuevo -y necesario- impulso a su carrera.
Ahora, los ex-compañeros y rivales de Mustaine se encuentran -irónicamente- en el mismo barco y parecen empezar a trascender nuevamente, gracias a un disco que -aunque adolece de buen sonido- emana pasión, precisión, compromiso y que probablemente, les regrese una buena parte de aquella credibilidad perdida en los últimos años.
Desde aquella controversia generada entre Ulrich, Napster y las ‘descargas ilegales’, hasta el accidentado abandono del bajista Jason Newsted, pasando por las atormentadoras sesiones de grabación del calamitoso St. Anger que casi separa al grupo (según se aprecia en el documental Some Kind of Monster) y por el internamiento de James Hetfield en una clínica de rehabilitación, gran parte de lo que vino después de la salida del Black Album (Elektra, 1991) había degenerado a un punto en el que la situación de la banda se había convertido en algo, por llamarlo de alguna manera, ‘trágicamente cómico’.
¿‘Trágicamente cómico’? En efecto: Degradados por lo que hacían y criticados por lo que dejaban de hacer.
La mayoría de lo que Metallica hizo el 2007 con miras al lanzamiento de su noveno álbum en estudio fue ásperamente criticado por los medios de comunicación masivos, por los ‘más entendidos’ del heavy metal, por los fanáticos, por los ex-fanáticos, por los bloggers y por los redactores de algunas conocidas revistas digitales…
Si decidían estrenar algo de su nuevo trabajo en los festivales de medio año, eran martirizados; si se decantaban por mostrar algunos episodios -en televisión- de cómo estaban avanzando en su trabajo, eran satirizados; cuando lanzaron la portada y el título de su último álbum, los titulares mostraban frases como ‘Metallica continua cavando su propia tumba’; cada vez que daban adelantos noticiosos de sus progresos, éstos eran despectivamente abordados por la mayoría de revistas y blogs.
Ante este panorama y habiendo pasado de ‘innovadores del heavy metal’ a ‘metaleros decadentes y acabados’, ¿qué podíamos esperar de ellos?
Si lo pensamos detenidamente, lo que -paradójicamente- ‘terminó de hundir’ a Metallica fue la licencia sin restricciones que tenían para ser creativos: Cada vez que lanzaron un nuevo disco entre 1983 y 1991, el género completo del heavy metal sufría un innegable cambio y en los años posteriores, aunque con un gran descenso en la calidad de sus producciones, la banda no ha parado de sorprender a propios y extraños.
Con unas ventas que se cuentan por millones -sin tener en cuenta las extensas giras realizadas y el dinero generado en ellas- Metallica prácticamente se ganó el beneficio de poder hacer lo que se les venga en gana, algo de lo que muy pocos pueden jactarse.
Por más de una década eso es justamente lo que hicieron: Lanzando una de las mejores colecciones jamás vistas (Live Shit: Binge & Purge), explorando nuevos sonidos en el Load y en el Reload, editando un disco de puros covers, tocando junto a una orquesta… todo esto simplemente porque podían hacerlo.
Sin embargo para esta nueva década, aquella arrogancia de -creativamente- poder hacer lo que quisieran, combinada con los graves conflictos internos que se venían arrastrando por mucho tiempo, derivó en el infame St. Anger.
Cuatro años después, el productor Rick Rubin sabía exactamente lo que tenía que hacer. Los días de ‘experimentación’ habían llegado a su fin: La regresión tomaría su lugar.
Llega entonces la hora en que una agrupación de tamaña trayectoria y aceptación entre el público, acepta el hecho de que dejó de ser innovadora y aunque un tanto tarde, aprende que lo que se debe hacer es seguir divirtiéndose haciendo música pero aferrándose a lo que mejor les sale, de modo que puedan producir discos que sean del agrado de la mayoría de sus fanáticos.
Los Rolling Stones lo saben; los Iron Maiden también; Motörhead y Judas Priest también lo entienden así y más recientemente, U2 y R.E.M. han asimilado el paso del tiempo de la misma manera.
Visto así, la táctica de Rubin estaba cantada: Hacer que Metallica suene nuevamente como Metallica, volviendo al encuentro del sonido que los definió en la década de los ‘80 y, por lo que se ha visto y escuchado hasta ahora, éste era exactamente el tipo de ‘terapia’ que la banda necesitaba.
En la búsqueda de ese estilo característico y dejando a un lado el afán de ‘probar cosas nuevas’, escuchando el Death Magnetic uno -en su mayor parte- siente que aquellos viejos días han regresado: De alguna manera, es como un viaje entre el Ride The Lightning, el Master of Puppets y el …And Justice for All, es decir, algo que los seguidores de toda la vida elogiarían inmediatamente.
“That was just your life” es un regreso al thrash de siempre, en la línea del “battery” o del “blackened”, complementado con algunos ‘solos’ de Kirk Hammet; “the end of the line” -de riff notable- presencia un despliegue vocal de Hetfield que hace recordar por momentos al mítico “creeping death”.
“Broken, beat & scarred” es una reminiscencia del “for whom the bells tolls”, “the thing that shoult not be” y del “eye of the beholder”; “the day that never comes” trae a la memoria los compases del “fade to black” o del “one”; “all nightmare long” recuerda canciones como “trapped under ice” o “disposable heroes” y podría ser el punto más alto de todo el disco.
No es novedad que una de las obsesiones de Metallica, presente en -por lo menos- sus últimos cuatro discos, es llenar éstos hasta el límite: Rara vez lanzan la mercado uno que dure menos de 75 minutos y por ende, después del interesante “cyanide”, el Death Magnetic comienza a volverse repetitivo y a perder un poco de fuerza.
“The unforgiven III”, “Judas kiss” y “suicide & redemption” (que vuelve a tener el mismo ‘efecto soñoliento’, al más puro estilo del “orion” o del “the call of ktulu”) son claros ejemplos de ello.
Aún así, esta sensación de letargo se vuelve pasajera cuando el “my apocalypse” -la canción que cierra el álbum- toma posesión de nuestros oídos.
Este último título nos regresa a los días del “damage inc.” o del “dyer’s eve”, con una parte final que podría fácilmente ser comparable con cualquier tema del …And Justice For All.
La producción del Death Magnetic tiene definitivamente como protagonistas a las guitarras, mezcladas sobre el trabajo de Robert Trujillo al mando del bajo.
El desempeño de Lars Ulrich en la batería ha sido un tanto inconsistente en los últimos años pero en este disco, redescubre aquella fluidez que no estaba presente desde el Black Album de 1991.
Sin embargo la verdadera estrella aquí es Kirk Hammet, quien suena simplemente grandioso, impregnándole a sus riffs y solos (por más ‘sucios‘ que éstos se perciban) esa emoción que le supone el poder tocar -por primera vez en casi diez años- a sus anchas.

La gran mayoría de escépticos, críticos, resentidos, ‘bloggers’ y ‘foreros’, han ido calmando sus silbidos y abucheos poco a poco y, de alguna manera, Hetfield, Ulrich y Hammet saben que se han ganado a pulso esa reacción en la gente.
Personalmente pienso que Bob Rock, siendo tan perfeccionista como es, le hubiera dado mayor énfasis al sonido final del disco (único aspecto que no termina de convencerme).
Pero hay que reconocer que de la mano de un trabajo como el Death Magnetic, que enfatiza lo básico y no lo sobre-producido y experimental, Metallica va en camino de recuperar una buena parte de esa credibilidad perdida en los últimos años…
César Pinto, NadaBueno.com
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Concuerdo en que el primer tema that was just your life tiene elementos de battery pero sobre todo de blackened y dyers eve solo que mucho menos masgistrales que estos. The end of the line tiene partes que se parecen a Sanitarium en la parte previa al solo, no le veo ningun parecido a creeping death, al igual que la cancion anterior tiene elementos del Metallica antiguo pero no llega a erizarte los pelos, parece un compilado de las canciones menos buenas de todos los albums previos, tipo frayed ends of sanity o shortest straw. La vocalizacion de Hetfield me parece muy forzada, los solos de Hammett muy corrientes sin feeling, en resumen suena a Metallica pero parece que fueran canciones de relleno, no obras de arte como lo que normalmente hacian hasta el album negro inclusive. Broken beat and scarred podria recordarnos a For whom the bell tolls o a the thing that should not be tanto como nos podria recordar a la cancion de Tommy y Daly de los Simpsons, no le veo ni el mas minimo parecido, aunque no niego que la cancion es heavy y el fondo si se parece al de Eye of the beholder pero solo el fondo de la guitarra. En resumen, aplaudo esta vuelta de Metallica a sus raices, eso solo era cuestion de quererlo, ahora viene lo dificil, volver a ser los maestros del genero, no ser solo una banda mas. Pienso que es lo mas dificil porque para eso se necesita inspiracion, estar libre de presiones, simplemente hacer lo que les gusta y les sale del alma sin pensar que se les viene la critica encima, algo que no estuvieron acostumbrados en su epoca ochentera. Si lo lograran no cabria duda de que fueron y seran la mejor banda de toda la historia del trash y el speed metal. Un ultimo comentario es que no debieron haber compuesto Unforgiven III si no estaban seguros que iba a ser un temazo, o sea, la segunda parte fue algo original y creo que aunque no fue tan buena como la primera, le hizo justicia…pero esta tercera parte a lo Tiburon 3, esta completamente desconectada de las dos anteriores y aparte la cancion es corriente y la vocalizacion de Hetfield asquerosa…escuchar a James antes te ponia los pelos de punta…ahora parece un viejo que apenas puede con su vida…es verdad que esta mayor ya pero creo que la produccion pudo haber hecho muchisimo mas para que suene decente y Hetfield y compnia haber sido mas pacientes en encontrar un tema que pudiera ser digno de llamarase Unforgiven III…
Kain,
Al decir que “the end of the line” me recuerda un poco al “creeping death” no es por la música, sino por la forma de cantar de Hetfield que, por cierto, denota que los años no pasan por gusto… o que Bob Rock era el más indicado para ocupar el lugar de productor.
Si bien el disco no queda inmolado por la espectacularidad de sus canciones (coincido en que -nuevamente- algunas están ‘de relleno’), es un claro regreso -o intento de regresar- a lo que mejor saben hacer y, como bien dices, ahora resta ver qué sigue.
El “unforgiven III”, sin comentarios.
Gracias por tu interesante aporte.
[...] es de sobra conocido que vienen promocionando el Death Magnetic, mi mente no deja de divagar por el increíble ‘set’ de canciones que podrían ofrecer, [...]